Pinganillos y esperteyos
¡Adiós a Chupa-Chups!
Pero siéntolo tamién pol empléu: esos puestos de trabayu nun volverán ocupalos otros piloñesos nin piloñeses; tresportistes perderán empléu o rentes y van vese empufaos; los bares, los quioscos, les tiendes que dependíen d'esos ingresos van velos amenorgaos o van enfilar la bocana del cierre. ¿En qué manos estamos?
La función de Javier Fernández y Fernando Lastra principalmente, es la de ser ideológos de la FSA. Areces en el fondo fue un "mandao" de lo que le decían desde el PSOE madrileño, pero estos dos sujetos son ideológos contra el nacionalismo y contra Asturies.
Esta lindeza la dijo en un foro sobre transparencia organizado por el PSOE, sí señores por ese partido más bien especialista en todo lo contrario, los conocidos GAL, Rafael Vera, Luis Roldán, caso FILESA (casos asturianos como Petromochu, El Musel, etc.) . Pero, parece que duele un poco que hablen de extrema derecha cuando el partido en el que milita este señor apoyó la dictadura de Primo de Rivera.
Está claro que para un patriota no hay mayor orgullo que representar a su país en su parlamento o ser presidente de ese propio país, pero ya fuera de considerarse asturianista o no, uno por lo menos debería tener un mínimo respeto a los ciudadanos a los que representa.
Evidentemente esta clase política no se considera asturiana, lo demuestran en primer lugar con su afiliación política y segundo por sus actuaciones e intervenciones.
En el fondo sentirse orgulloso de ser asturiano es sentirse orgulloso de todos los aspectos de este país: orgulloso de nuestros montes, de nuestros valles,de nuestros paisajes, de nuestro folclore, de nuestra historia, de nuestra lengua, de nuestras tradiciones, de nuestras señas de identidad... y tranquilamente podría estar escribiendo una gran lista de aspectos culturales de los que deberíamos estar orgullosos.
Una de las primeras reflexiones que yo me hago es la de cómo esta gente va a promocionar turísticamente Asturies si este gobierno considera que el que se siente orgulloso del bosque de Muniel.los es de extrema derecha. ¿Cómo van a promocionar todos esos aspectos si consideran que sentirse orgulloso de ello es de extrema derecha?
Detrás de todo esto hay un evidente factor ideológico que es muy potente y extendido, el odio visceral (no solo a la lengua asturiana) si no a todos los aspectos culturales de Asturies, a su identidad y a su carácter que le corresponde como país. Y ese factor ideológico está presente en el PP e IU, no solo en el PSOE, aunque es, sin duda, el que más méritos hace para que los asturianos nos movilizemos contra ellos.
Cuando leemos cosas cosas siempre salen los mismos comentarios. Muchas veces se comenta de la necesidad de tener un partido propio, pero luego esa gente en las elecciones vuelve a apoyárlos electoralemente.
El miedo que este caballero demuestra hacía las señas de Asturies, hacia nuestra idiosincrasia, demuestra el miedo que tiene hacia el asturianismo. Como muchas veces comenté en este blog, el asturianismo es la única ideología política que puede terminar con esta clase política, pero el asturianismo de verdad no el de boquilla que aparece con un rutíu mientras se degluten las uvas en la última campanada.
Ya están las elecciones cerca y su resultado va a ser muy importante, nos jugamos una reforma estaturia gestionada por este círculo político. En mayo tenemos a tener otra preciosa oportunidad para demostrar lo que tanto le duele al Señor Lastra: el orgullo de ser asturianos. Y esa es la opción que viene representando el Partíu Asturianista desde hace 25 años, llevando incluso ese mismo lema a unas elecciones.
La función identitaria de la lengua
Aznar y les autonomíes
(A mayor abundamientu, l'Estáu siguió dempués programando gastu obligáu pa les comunidaes autónomes, ensin tresvase de financiáción, como fexo Zapatero cola Llei de dependencia).La sidra como síntoma
Pero vengamos antes a los orígenes del debate. Han sido tres, fundamentalmente: una información del 14 de abril en «The Guardian» sobre las mejores diez sidrerías/lagares de España, que las situaba todas en Euskadi; un artículo relativo a la historia de la sidra confeccionado por la Asociación de Lagareros del Estado de Hessen (Alemania), en que se afirma que «... en el siglo XI desarrollan los vascos en el norte de España la presa de aceite, que será el primer lagar con el que se produce la "zagardua" (sidra) que los pescadores transportaban como medicina contra el escorbuto. Poco a poco consiguió llegar la sidra a ser bebida en la Bretaña....», con evidente desconocimiento de la sidra en nuestro país y su más temprana presencia documental; un reportaje de «The New York Times», del 15 de noviembre, el cual, en un repaso a las sidras del mundo, únicamente menciona en España la «sagardoa», o sidra vasca.
Ese desconocimiento exterior de nuestra sidra puede implicar para muchos -con razón- una afrenta a nuestra honra patria, y es natural que así sea. Representa, además, un grave problema de tipo económico, pues, como ha dicho en las páginas de este periódico el profesor David Rivas, de un lado, la aparición de un sector productivo en un medio como «The New York Times» significa «millones de euros»; y, de otro, «en una economía globalizada donde todo se uniformiza sólo es posible sobrevivir si encontramos nuestra ventaja competitiva, la cual, en el caso de productos asociados al territorio, es la diferencialidad».
Esa falta de noticias de nuestra bebida nacional en el exterior es, a su vez, síntoma de nuestra incapacidad absoluta para poner en valor nuestros productos, para beneficiar nuestras potencialidades, para exportar nuestra economía. Porque lo mismo que ocurre con la sidra ocurre, por un poner, con el turismo. Etiquetamos la sidra como «Spanish cider», o participamos en campañas genéricas de promoción de la misma, favoreciendo así a los vascos; promocionamos la España de sol y toros, o la muy genérica «España verde», ayudando así a quienes tienen asentada su imagen en el exterior. Esa permanente actitud de rechazo a ser y a «venderse» no es una cuestión de tamaño de país o de recursos. Responde a dos vectores que caracterizan a nuestras élites y al discurso dominante: uno, un profundo provincianismo; otro, un profundo sucursalismo, pues, en efecto, la «inteligentsia» patria (partidos, empresarios, sindicatos, comunicadores en general) no cree que Asturias sea una realidad sustancial, primaria, sólida, sino una especie de entidad de segundo grado, vicaria, mero reflejo subordinado de otra más importante, la española o la mundial. Prosélitos entusiastas de los ángeles del bien, creen siempre que las luchas contra las fuerzas del mal han de producirse en campos extranjeros y bajo banderas foráneas (o universales), y miran con desdén o condescendencia su territorio cierto y sus gentes reales.La polémica, hemos dicho, ha suscitado reacciones de honra herida en muchos ciudadanos asturianos. Otros, sin embargo, se han mostrado desdeñosos ante el desconocimiento foráneo, manifestando que «ellos se lo perdían» o que «mejor, así no nos exportan la mejor sidra, y la bebemos aquí». Esa especie de autismo o encapsulamiento que mira con displicencia el mundo exterior y prefiere preterir lo que nos jugamos fuera es también un rasgo muy común de un sector de la opinión asturiana y de su comportamiento político. Responde, en parte, a una especie de antañón sentimiento de hidalguía. De otro lado, ese individualismo indiferente está conformado, a medias, por la resignación ante la impotencia política y por la carencia de un discurso colectivo que nos haga entender que nuestra sustancia y nuestro interés pasan antes, inevitablemente y dada la naturaleza de las cosas, por ser asturianos que por ser españoles y, desde luego, nunca por ser sólo nosotros mismos, un obvio imposible.
Asoleyose en La Nueva España del 30/12/2010
Ps.: P'ampliar información pueden dir EQUÍ
Elogio de la canción asturiana

La canción asturiana por excelencia, la canción tradicional que conocemos por “asturianada” o “tonada”, es un canto que entraña una enorme dificultad y requiere, por tanto, un especial virtuosismo para su interpretación, no tanto en las condiciones del cantor cuanto en el sentimiento y la agógica de su expresión.
Una parte importante de la canción asturiana, además, la llamada “asturianá al altu la lleva”, la de los melismas o “vueltes”, constituye un patrón muy singular en el panorama musical del continente, equiparable, en gran medida, a algunos de los modelos de lo que llamamos flamenco.
E inevitablemente, hecha esta constatación, surgen las comparaciones entre el tratamiento que la sociedad andaluza da a su folklore y el que proporciona al suyo la sociedad asturiana; entre el respeto y reverencia con que se trata a una música por parte de intelectuales y capas cultas y la indiferencia o desprecio hacia la otra. El corolario de todo ello es la desaparición casi absoluta de la música cantada tradicional de nuestros medios de comunicación públicos desde hace décadas y, naturalmente, el completo ninguneo que hacia ella manifiesta la TPA, la Teleprisa Asturiana (otros traducen “Todo por Areces”), cuyo ideario, por cierto, tiene dos premisas fundamentales: la de la repetición de los modos y tópicos del imperio (con un punto de especial mimo en su versión antiyanqui); la de la evitación y marginación de todo cuanto conecte con la tradición identitaria y cultural asturiana.
Pero dicho esto, que no es sino una manifestación más del sistemático proceso de desasturianización política y cultural a que estamos sometidos, desde el franquismo al menos, vamos a señalar en los próximos párrafos algunos temas de especial calidad o emoción, de entre los muchos que pueblan nuestra lírica identitaria, en los ámbitos de la expresión de la señardá de la soledad o el hambre y en los del amor.
Es obvio, naturalmente, que lo que aquí apuntamos se produce en un contexto musical y de ejecución al que se remite, aquél que viene constituido por las concretas interpretaciones de los maestros históricos de la música asturiana o sus seguidores, El Gaiteru Lliberdón, El Maragatu, La Busdonga, Claverol, Botón, Juanín de Mieres, y un largo etcétera. A él y a su conocimiento por el lector apelamos implícitamente.Nuestro acervo presenta algunos momentos de enorme intensidad lírica, donde la señardá (la soledad del hombre ante el mundo, el destino o el paisaje) del emisor parece vehicular el desvalimiento universal del ser humano. Así aquel L´aire m´apagó la vela, / al pasar L´Agüeria, madre, / l´aire m´apagó la vela, / yá pa mí siempre ye nueche, en que la voz anónima que emite ese desvalido llanto en sordina adquiere dimensiones que van más allá de la estricta literalidad. Semejante sentido de desvalimiento universal alcanza, pese a sus elementos de saludo y despedida de un lugar concreto comunes con otros cancios, al Al pasar La Colladona / di la vuelta al mio sombreru. / ¡Adiós, pueblu de Collanzu, / pedacín del mismu cielu! En A la Pipiona, madre, a la Pipiona / porque me dan castañes, llechi y boroña, a la murnia de la soledad y el desgarro individuales parecen unirse el grito omnipresente del hambre, de la afamiada, esa plaga universal de la sociedad asturiana que todavía en 1857 provocaba el Manifiesto del hambre, del Marqués de Camposagrado.
Esa presencia de la gazuza y la miseria tiene en una de nuestras más famosas composiciones (Debaxu d´una panera / mio madre echóme a la vida: / de papilla, les farrapes; / y de biberón, la sidra...) un tono como alegre o de mera constatación conformista, pero en otra –cuyo raigañu compositivo distinto, por cierto, se advierte, no sólo en la música, sino en la condensación textual-, Mio madre como era probe / nun tenía pan que me dare / fartucábame de besos / y lluegu rompía a llorare, se une esa presencia de la fame con una señardá experiencial de un extraordinario lirismo, en que, sutilmente, se traslada “la pena” desde el emisor (o emisora) a la empatía retrospectiva con el sufrimiento de la madre.(Señalemos tangencialmente, que, aunque no exclusivamente, la estrofa de cuatro versos, emitida por un “yo” anónimo que la dice sin ninguna contextualización –forma literaria, por otro lado, inserta en las tradiciones más antiguas de la lírica peninsular- constituye el modo más genuino de expresión de nuestra canción tradicional.)
En el ámbito erótico existen magníficas expresiones de la malicia ligada al sexo, como los de María si vas al monte / cierra bien la portiellera: / Tengo´l toru bramando / por entrar na to praera o aquellos otros, más populares, en que el símbolo de lo masculino es el caballo -una extendida tradición, a propósito, en la que inserta Lorca muchas de sus imágenes-, como el Mio caballu s´alborota / cuando paso per to puerta. / Tien la culpa la to yegua, / que al pasar me lu prevoca. En otras ocasiones es la inquietud sexual y amorosa de la moza la que se expresa de forma lírica, dentro, en este caso, de la tradición occidental de la albada: Canta´l gallu, canta´l gallu, / canta´l gallu y amanez; / la neña que tien amores / tarde o nunca s´adormez. Otras veces es la expresión del dolor de la ruptura la que se sugiere magníficamente: Amante míu del alma, / yá nun me conocerás, / qu´acaba más una pena, / qu´un añu d´enfermedá. Destacadamente, ese dolor adquiere el carácter de llaga de expiación autoimpuesta en el Anda, y señálame un sitiu / onde yo me pueda ir, / solina a llorar mios penes, / que contigo cometí, en que la misma estructura lógico-sintáctica de los dos últimos versos parece subrayar la desesperación de la culpa. Pero, sin duda, la cantida de más éxito histórico, la que ya era un número uno en el XIX y que une una preciosa musicalidad con la sugerencia literaria, es aquella versión de La Soberana que dice: ¡La Soberana! ¡La que va pela pradera / cómo ximielga la saya! / ¡Y, si yo fuera con ella, / munchu más la ximielgara!Preguntémonos: ¿qué no harían otras sociedades con una riqueza musical como la nuestra? Volvamos a interrogarnos: ¿Cuáles son las raíces de esta nuestra anomalía, que desprecia e ignora cuanto es? Indaguemos: ¿No son, estos y otros, síntomas de una enfermedad social plurinuclear que nos impide ser un grupo humano moderno, creativo, proyectado hacia el futuro, enfotáu nes sos capacidades y colocado en la hora de España, de Europa y del mundo?
P.S. En el ámbito que nos ocupa, Oscar Roces Arboleya, un yerbatu de pro, acaba de sacar un magnífico libro, La asturianá (de la magia a la desolación), cuya lectura les recomiendo. Mi amigo Carlos Rubiera, asimismo, ha dado a luz un estupendo disco, Canciones de Xixón, a cuya audición invito.
Por cierto, y a propósito de las indagaciones de Fernando Manuel de la Puente Hevia sobre el Asturies, patria querida, su origen y evolución (que es posible haya de complementarse con la música popular cántabra, al menos para la parte del “tengo de subir al árbol...”), ¿no les sugiere a ustedes alguna reflexión el que esa historia de letras incongruentes y músicas transpartituradas y trasterradas haya acabado por ser el himno oficial de nuestra “patria”.
Preciado sienta cátedra
| Preciado sentando cátedra |
Inflación: toós más probes
Somos todos más probes.
Y si ye funcionario, perdió ente un 3% y un 8%, yá pa tola vida. Otra vegada: mermó-y el sueldu un 8% o un 3% pa hasta que se xubile o muerra.
Orgullosu
Asturianismu cibernéticu
Nun sabemos, anque yá hai dalgún estudiu d'universidaes anglosaxones al respective, qué parte de la realidá contemporania s'escuende o abelluga nel mundu virtual d'internet. Hai quien diz que la Rede nun escuende nada y que, al contrario, multiplica les relaciones personales, institucionales y sociales, y nun les sustitui, como munchos camienten. En cualquier casu, seya complementándola o suplantándola, tolo que tenga que ver con Asturies vive yá tamién n'internet. Hai blogues n'asturianu, informativos dixitales, profesionales que traducen software al nuestru idioma, foros d'alderique a mamplén que tienen «lo asturiano» como exa del discurrir de los participantes; y la Uiquipedia acueye más de 12.800 artículos, un auténticu milagru pa una llingua y una cultura arrequexaes polos que manden y hespicianes del prestixu d'utilidá y modernidá. La razón de que l'asturianu guañe n'internet ye difícil de saber. Igual l'individualismu de la rede ye un bon ñeru pa los asturianos, como sabemos, incapaces de xuntase en grupos de más de tres cuando se trata de defender, estudiar o falagar lo propio. Otra cosa mui desemeyada ye si dalguién los llama pa defender a la Humanidá, al Planeta, al Universu o al Cosmos: entós van a rastru abiertu a la inmolación ensin dulda nin reconcomiu. Pero como la realidá virtual permite a caún facer y contribuyir dende casa, ensin conciliar primero con naide, ehí tenemos al asturianismu caleyando pel cable gayoleru.
Modelu cuenques
Memoria colectiva
Como señalé ayer, les cayes de Lugo tán enllenes d'escultures dedicaes a los escritores gallegos y a los sos personaxes ilustres. De la mesma forma, en dellos edificios dexen constancia d'acontecimientos que nellos sucedieren. Nesti, na Rúa da Raíña, 1, nel edificiu del Hotel Méndez Núñez, recuérdase la xuntanza pa la redacción y asoleyamientu del manifiestu nacionalista.
«Seguimos pagando que González ignorase a Asturias al entrar en el Mercado Común» (Francisco Rodríguez para LNE)
L'empresariu Francisco Rodríguez (Reny-Picot) vieno esti domingu, 31 d'ochobre (na primer entrega d'una serie de cuatro sobre la so vida y obra, na Nueva España), a recordanos esi continuu despreciu a los intereses asturianos y el silenciu -más, l'aplausu- col que los representantes políticos asturianos y munchos de los votantes acueyen esi despreciu. Yá lo dixéramos mos munches vegaes, pero equí lo tienen n'otra voz:
«Al principio tuvimos una gran vocación por perfeccionar nuestra situación y ello requería no repartir dividendos, sino que todos los beneficios fueran destinados a la mejora de la empresa». Sin embargo, «tuvimos momentos muy delicados, y los seguimos teniendo, a causa del ingreso de España en la Comunidad Económica Europea, en 1986, cuando Felipe González consideró que había que ingresar como fuera, ignorando a Asturias y toda la cordillera Cantábrica, con sus intereses agrarios».
Francisco Rodríguez y la Federación de Industrias Lácteas remitieron entonces un documento al presidente González en el que le advertían de que «no aceptase para España una cuota láctea anual inferior a los 7.200 millones de litros, pero los franceses impusieron un límite de 4.500 millones de litros». El fundador de Reny-Picot juzga hoy que «aquella tibieza en la negociación hace que sigamos pagando un error histórico 25 años después».
La entrevista pueden vela entera nestes dos direcciones:
«Seguimos pagando que González ignorase a Asturias al entrar en el Mercado Común» (La Nueva España del 01/11/2010)
«Al entrar en la UE le dijimos a González: "Mire a Grecia y su leche", y ya se ve cómo están» "La Nueva España del 02/11/2010)
¿Fadrá falta recordar que don Fernando Morán (PSOE) fue'l principal negociador d'aquellos alcuerdos col Mercáu Común? ¿Fadrá falta recordar, amás, que, pa más inri, cantóse l' Asturies, patria querida pa celebralo?
Asina somos. Porque queremos. Porque los dexamos. Porque nos dexamos.
Más impuestos,más recortes...
Resultáu: El ciudadanu siempre paga.
Pero esti gobiernu, que ta fundiendo económicamente -y en tolos ámbitos tamién- a esti país, sigue viaxando en coches d'alta gama...
N'Asturies esto ye más díficil d'acabar con ellos, equí el mesmu partíu (salvo un breve paréntesis) lleva gobernando 30 añosy n'esi tiempu llograron montar un gran negociu, una gran tela d'araña, un gran bloque compactu de chiringuitos, compra de voluntaes, amiguismu... un gran pulpu con munchos tentáculos que lo ata too: asociaciones de vecinos, sindicatos, too tipu d'organización... pero ya lo dixo Pachu queda too atáu y bien atáu.
Un gran réximen clientelar, de vividores, d'utilización de les instituciones públiques como empléu, facer de vivir del erariu públicu una carrera. Una administración con munches borrones prietos qu'el día que funda van descubrise munches coses qu'a día de güei tan enterraes. Y dempués, equí n'Asturies tamos debatiendo y preocupaos sobre los traxes de Camps, les primaries de Madrid o Belén Esteban.
Y el gran problema ye que nun esiste una opinión pública asturiana que se dedique a falar de los problemes que día a día nos afecten a los ciudadanos asturianos y los partíos políticos tamién tienen que dar rempuesta a eses cuestiones, a ese problemátiques que tenemos los ciudadanos nel país onde trabayamos y vivimos y eso solo puede facelo un partíu nacionalista. Porque'l nacionalismu tien que ser l'encargáu de solucionar eses preocupaciones: el futuru de los mozos, facer polítiques económiques empobinaes a finar col paru, a crear texíu industrial, a crear empreses y texía industrial, al apoyu a emprendedores, a instaurar prosperidá económica.
Otra victoria pa la llingua asturiana
Nel fondu, dende mi opinión, había una clara incompatibilidá entre la Llei d'Usu ("con oxetu d'amparar el derechu de los ciudadanos y ciudadanes a conocer y usar l'asturianu y les sos variantes y establecer los medios que lu faigan efectivu, garantiza la so enseñanza en tolos niveles y graos del sistema educativu") y esi ratiu, ¿Por qué onde quedaba el derechu de los ciudadanos qu'escoyíen asturianu y llueu nun teníen grupu?
Munches vegaes neños y neñes que se muestren insteresaos en estudiar la nuesa llingua, nun pueden facelo por culpa d'esi dichosu "quórum", a parte, que l'asturianu sobre too na ESO llucha contra otres alternatives como una segunda llingua extranxera (colos tópicos simplones que llevamos tola vida sintiendo "eso nun val pa na, fíu, estudía alemán o italiano que ye muncho más importante" o "ye que col asturianu nun encuentres trabayu" cuando al final esos mozos nunca van a Alemania o Italia o cuesta-yos lo mesmu encontrar trabayo ensin asturianu y sabiendo decir hallo o buon giorno. Pero la cuestión nun ye que la mocedá nun estudie llingües del mundiu, el problema que se plantega ye la manía d'enfrentar una llingua minorizada contra llingues muncho más potentes que n'esti casu la nuesa y parte utilizar esos tópicos que faen, en muchos casos, animar a la xente a nun escoyer asturianu, que nel fondu ye lo que se quier con esta rivalización. Otres vegaes vemos qu'hai presiones por parte d'algunos órganos pa que nun se pida asturianu o que nun haya mayestru...
Les coses pocu a pocu van avanzando y meyorando y la situación de la llingua dientro de les escueles se va normalizando y creciendo el número d'escolinos que cursen l'asignatura. Ye cierto tamién que falta munchísimu pa llegar a una presencia digna y falta organización de cara a impartir l'asignatura pero la cosa marcha.
Precisamente munches vegaes tamién hai un incumplimientu clarísimu de la Llei al nun ofrecer direutamente (equí yá nin salten el ratiu) los centros educativos como asignatura opcional, ye dicir, como asignatura optativa dientro de la Educación Primaria y ESO, esto ye asina y ocurre mayoritariamente en colexos privaos o concertaos (aunque siempre hai esceiciones y ya digo que la situación ta cambiando cursu a cursu). Esti añu la escolarización n'asturianu pasa de los 18.000 neños y neñes, tando na mayoría en centros educativos públicos.
Nel fondu vemos que nun hai más que prexuicios llingüísticos que son los que faen que mos encontremos en situaciones tan llamentables como que los guahes tengan qu'echar un duru n'un bote o situaciones similares que son sorprendentes equí, porque n'otros llugares ye impesable que a un neñu-y pongan un castigu por decir una pallabra n'otra llingua.
Agora, dende la Conseyería d'Educación dicen que van recurrir la sentencia, con Herminio Sastre a la cabeza, responsable del Sistema Educativu Asturianu y la verdá ye que ye preocupante porque que salga una sentencia asina y que lo primero que se diga dende'l Gobiernu Asturianu (que paez que nin acata les resoluciones xudiciales) ye que la quier recurrir y mostrar esa prepotencia qu'un cargu públicu y de responsabilidá política hacia una decisión xudicial.
Esperemos que la llegada de la seronda faiga baxar del árbol al que ta mangáu el Gobiernu Asturianu y al Señor Conseyeru y medite más y meyor les sos decisiones polítiques y les sos declaraciones públiques como decir que la Educación Infantil "nun ye un ciclu escolar nin educativu". Home, ye sorprendente que'l responsable educativu diga esto cuando la LOE (Llei Orgánica 2/2006 del 4 de mayu) nel capítulu 1, artículos 12 y 14 dexa claro el carácter escolar y educativu tanto el primer ciclo como'l segundu de la Educación Infantil.
Hai motivos pa la ilusión, pa poder confiar en que la llingua asturiana tea viva, tea presente con unes condiciones dignes nos centros escolares d'Asturies aunque al Gobiernu nun-y faga gracia, que son más añu tres d'añu les families que quieren que los son fíos y fíes estudien l'asturianu y eso nun dexa de ser un motivu d'ánimu y futuru.
Inútiles (Del carbón al ratón)
Partíu únicu
No «más España»: más Asturies
Razones para defender la autonomía en detrimento del centralismo
En los últimos tiempos se ha venido levantando una vagamar creciente contra las autonomías. En esa actitud hay bastantes más componentes que las causas «objetivas», pues, si es cierto que se puede acusar a las administraciones periféricas de despilfarro económico, contrataciones excesivas, gasto clientelar y déficit, no es menos cierto que la Administración central y los ayuntamientos son tan responsables de esas prácticas como las autonomías, y, sin embargo, no son objeto de una tan feroz campaña de ataques. El «plus», por tanto, de inquina hacia las autonomías se debe a razones de tipo ideológico (una arraigada tradición uniformadora y centralista, fundamentalmente) y a componentes de tipo emocional frente a lo que pudiéramos denominar «nuevos señoritos». Sobre ello, se está sustentando un discurso de vuelta atrás y de eliminación o disminución del entramado autonómico.
Curiosamente, en ese planteamiento destacan Asturies y Madrid, como las autonomías donde esa posición tiene más predicamento. Ya he señalado aquí, en LA NUEVA ESPAÑA, cómo, en gran medida, ello se debe a la práctica inexistencia de una opinión pública asturiana (esto es, conformada aquí, desde nuestra perspectiva y sobre nuestra realidad, no meramente vicaria) y a la ausencia de discurso autonomista de los dos partidos que, en nuestro país, gozan de las canonjías del sistema descentralizado. Debe apuntarse también que ese sentimiento antiautonomista es bastante mayor en la derecha que en la izquierda, en coherencia con las componentes históricas y sociológicas de la misma. Hemos subrayado, asimismo, las incoherencias del discurso: quejarse, por ejemplo, de que nuestro Gobierno presiona poco al central y querer menos autonomía; estar satisfechos con la gestión en sanidad o carreteras propias y ser partidarios del centralismo.
Preguntémonos si le convendría a Asturies una vuelta al uniformismo centralista. Cualquiera recordará, por un lado, qué difícil era en otros tiempos conseguir decisiones administrativas simples (una escuela, un centro de salud) cuando toda la gestión del Estado dependía de la capital del Reino y aquí no había más que delegados sin poder efectivo y con la perspectiva personal de realizar su carrera a base de «no dar la lata» en Madrid. Señalémoslo: aunque aquí los políticos mayoritarios siguen siendo como los de «aquellos tiempos», la gestión de la Administración ha mejorado en rapidez y eficacia. La vuelta, pues, a un sistema de gestión política centralizado supondría un claro empeoramiento, y el caciquismo o «los contactos» supondrían la única forma de conseguir cosas. Si se piensa, por ejemplo, que, con autonomía, «no pintamos nada» para el Gobierno central, ¿qué sería sin ella?
Pero supongamos que, efectivamente, se llegare a conseguir la devolución competencial y la desaparición de las autonomías. Como es evidente que la reducción no se produciría en, al menos, Cataluña, Euskadi y Navarra, lo que ocurriría sería que se establecería un Estado de dos niveles, el federal-autonómico y el centralista-uniformista, reforzando y consolidando, así, lo que ya hoy está en ciernes. Tal situación, hacia la que apuntan tanto los recentralizadores como los federalistas, no nos sería en nada beneficiosa a los asturianos.
En mi opinión, el problema a que nos enfrentamos los asturianos es que no hemos sabido gestionar bien el sistema autonómico, que no hemos extraído todas sus potencialidades. Ello se ha producido mediante la conjunción de liderazgos sociales y políticos poco interesados en la autonomía y la realidad asturiana; la implantación en la sociedad de discursos que hacen confundirse los intereses de los asturianos con los de los ciudadanos de otras partes de España; el mantenimiento generalizado de una visión conservadora y falsa del mundo contemporáneo; la entrega, mediante el voto, de la gestión administrativa y económica a equipos, por lo general, desorientados e incapaces; incluso, una gestión deficiente -en cuanto pobre y simplificadora- por parte de los ciudadanos de los equilibrios y contrapesos de la representación y del control políticos .
Ahora bien, no debe creerse que un mejor uso de la autonomía o una mayor capacidad política y competencial debe servir sólo para «pedir o exigir más a Madrid», según tantas veces se piensa, sino, más bien, para exigirnos más a nosotros mismos, confiar en los más capaces e innovadores, premiar el esfuerzo, buscar que queden aquí la juventud y los mejores (y aun que vengan de fuera), confiar más en lo nuestro y en los nuestros, modernizarnos, «querernos más». En una palabra, actuar desde la primacía de los intereses de los asturianos y para ellos, no considerándolos inexistentes o subordinándolos a otros (lo cual, es obvio, no implica, para nada, vocación de conflicto buscado o de segregación), ni, mucho menos, juzgándonos como infantes incapaces de actuar sin la tutela o el auxilio de sus mayores.
En una palabra, nuestra crisis permanente (desde hace décadas -subrayémoslo- cuando España va bien, Asturies va regular; cuando mal aquélla, nosotros también) no se debe a un exceso de autonomismo o asturianismo, sino a su escandaloso déficit. Nuestra curación no ha de venir, por tanto, de «más España y menos Asturies», sino al revés.
Non «más España»: más Asturies
Razones pa defender l’autonomía en desterciu del centralismu
Nos últimos tiempos vieno llevantándose una vagamar creciente contra les autonomíes. Nesa actitú hai bastantes más componentes que les causes oxetives», pues, si ye cierto que puede acusase a les alministraciones perifériques de despilfarru económicu, contrataciones escesives, gastu clientelar y déficit, nun ye menos cierto que l’Alministración central y los conceyos son tan responsables d’eses práctiques como les autonomíes, y, sicasí, nun son oxetu d’una tan feroz campaña d’ataques. El plus», por tanto, d’inquina escontra les autonomíes débese a razones de tipu ideolóxicu (una enraigonada tradición uniformadora y centralista, fundamentalmente) y a componentes de tipu emocional frente a lo que pudiéramos denominar «nuevos señoritos». Sobre ello, ta sofitándose un discursu de vuelta atrás y d’eliminación o amenorgamientu del entramáu autonómicu.
Llama l’atención, nesi planteamientu destaquen Asturies y Madrid, como les autonomíes onde esa posición tien más predicamentu. Yá señalé en La Nueva España, cómo, en gran midida, ello debe a la práctica inesistencia d’una opinión pública asturiana (esto ye, conformada equí, dende la nuesa perspectiva y sobre la nuesa realidá, non puramente vicaria) y a l’ausencia de discursu autonomista de los dos partíos que, nel nuesu país, gocien de les prebendes del sistema descentralizáu. Tien d’apuntase tamién qu’esi sentimientu antiautonomista ye abondo mayor na derecha que na esquierda, en coherencia coles componentes históriques y sociolóxiques de la mesma. Sorrayemos, coles mesmes, les incoherencies del discursu: quexase, por casu, de que’l nuesu Gobiernu prime pocu al central y querer menos autonomía; tar satisfechos cola xestión en sanidá o carreteres propies y ser partidarios del centralismu.
Preguntémonos si-y convendría a Asturies una vuelta al uniformismo centralista. Cualesquiera va recordar, per un sitiu, qué difícil yera n’otres dómines consiguir decisiones alministratives simples (una escuela, un centru de salú) cuando tola xestión del Estáu dependía de la capital del Reinu y equí nun había más que delegáu ensin poder efectivu y cola perspectiva personal de realizar la so carrera a base de «nun dar la lata» en Madrid. Señalémoslo: anque equí los políticos mayoritarios siguen siendo como los de «aquellos tiempos», la xestión de l’Alministración ameyoró en rapidez y eficacia. La vuelta, pos, a un sistema de xestión política centralizáu supondría un claru empeoramientu, y el caciquismu o «los contactos» supondríen la única forma de consiguir coses. Si se piensa, por casu, que, con autonomía, «nun pintamos nada» pal Gobiernu central, ¿qué sedría ensin ella?
Pero supongamos que, efectivamente, llegar a consiguir la devolución competencial y la desapaición de les autonomíes. Como rescampla que l’amenorgamientu nun se produciría en, siquier, Cataluña, Euskadi y Navarra, lo qu’asocedería sería que s’establecería un Estáu de dos niveles, el federal-autonómicu y el centralista-uniformista, reforzando y consolidando, asina, lo que yá güei ta n’acurres. Tala situación, escontra la qu’apunten tantu los recentralizadores como los federalistes, nun nos sedría en nada beneficiosa a los asturianos.
Al mio pensar, el problema a qu’enfrentamos los asturianos ye que nun supimos xestionar bien el sistema autonómicu, que nun-y sacamos toles sos potencialidaes. Ello producióse pente medies de la conxunción de llideralgos sociales y políticos pocu interesaos na autonomía y la realidá asturiana; la implantación na sociedá de discursos que faen confundir los intereses de los asturianos colos de los ciudadanos d’otres partes d’España; el caltenimientu xeneralizáu d’una visión conservadora y falsa del mundu contemporaneu; la entrega, pente medies del votu, de la xestión alministrativa y económica a equipos, polo xeneral, desnortiaos y incapaces; inclusive, una xestión deficiente -en cuanto probe y simplificadora- per parte de los ciudadanos de los equilibrios y contrapesos de la representación y del control políticos .
Agora bien, nun tien de creese qu’un meyor usu de l’autonomía o una mayor capacidá política y competencial tien de sirvir namás pa «pidir o esixir más a Madrid», según tantes vegaes se piensa, sinón, más bien, pa esixinos más a nós mesmos, confianos más capaces y innovadores, premiar l’esfuerzu, buscar que queden equí la mocedá y los meyores (y entá que vengan de fuera), confiar más no nueso y nos nuesos, modernizanos, «querenos más». Nuna palabra, actuar dende la primacía de los intereses de los asturianos y pa ellos, nun considerándolos inesistentes o subordinándolos a otros (lo que, ye obvio, nun implica, pa nada, vocación de conflictu buscáu o de segregación), nin, muncho menos, xulgándonos como infantes incapaces d’actuar ensin tutélala o l’auxiliu de los sos mayores.
Nuna palabra, la nuesa crisis permanente (dende va década -sorrayémoslo- cuando España va bien, Asturies va regular; cuando mal aquélla, nós tamién) nun se debe a un escesu d’autonomismu o asturianismu, sinón al so escandalosu déficit. El nuesu sanamientu nun ha de venir, por tanto, de «más España y menos Asturies», sinón al revés.
Sobre la identidad asturiana
Oigo, patria, tu aflicción...
Con el calor de estos días finales agosteños estoy un poco galbanoso y socrático. De modo que, ante algunas manifestaciones recientes de ciertos próceres, manifestaciones que me han hecho levantarme de la silla con un surtíu para mantenerme suspendido en el aire casi medio minuto, me voy a limitar a realizar algunas preguntas, sin emitir juicio y sin elaborar un discurso al respecto.
He aquí lo que, en su asamblea anual en la Feria de Muestras de Xixón, han manifestado las patronales de empresarios y constructores -se lo juro por LA NUEVA ESPAÑA, de donde extraigo los textos, que es literal-: «Estamos totalmente despistados en este momento. Lo que sí podemos decir es que, en materia de infraestructuras, Asturias no cuenta para la Administración central como debiera». Y, asimismo, resume un titular: «Las empresas instan al Principado a plantar cara al Gobierno para salvar la obra pública». Y, ahora, las inquisiciones: ¿Pero es que alguna vez Asturies y su Gobierno han pintado algo para el central en materia de infraestructuras o cualquier otra? ¿Acaso en alguna ocasión un Ejecutivo del PSOE ha osado levantar la mirada hacia arriba ante las órdenes de Madrid, cuando ellos gobiernan en la capital? ¿Y no es más cierto que la mayoría de los empresarios deben venir votando habitualmente a PSOE y PP (que se comporta exactamente con la misma sumisión que el PSOE) y que, por otro lado, jamás se les ha oído quejarse de la nula voluntad de autonomía de estos dos partidos, y hasta la han aplaudido como muestra de «sensatez y prudencia»? ¿Y no pertenecerán, además, un gran número de esos gerifaltes a esa enorme cantidad de asturianos que está en contra del poder autonómico y quiere sustituirlo por el central, porque piensa que éste los atendería mejor?
La segunda manifestación pasmosuscitante o ablucante ha sido la de don José Ángel Villa, jerarca del SOMA, que «exige al Principado que se plante ante el parón de la autovía». Y que «acusa al Gobierno central de incumplir el plan minero si relega el eje a La Espina». Y vuelvo a entrugar: ¿Pero este don José Ángel no es uno que estuvo en la ejecutiva del PSOE? ¿Y no dio él la batalla por poner a don Javier Fernández por don Vicente Alberto? ¿Y no presumen don Ángel y don Javier de haber aportado ellos los votos decisivos para que triunfase don José Luis en el congreso del PSOE y fuese así presidente del Gobierno? ¿Y entonces de qué hablan? ¿O a quién representan? ¿O acaso no son los mismos unos y otros? ¿O es que no pintan nada los del PSOE en Asturies y sólo valen para llevar votos, incienso y mirra (como los del PP) a sus jefes a Madrid?
Aquí pensaba dejar el artículo -ya les digo que ando perezoso debido a la calisma-, pero he visto en el suelo, bajo la mesa, una hoja manuscrita. Me agacho, la recojo. Es una nota de mi trasgu particular, Abrilgüeyu. Dice así: «Pensaba ayudarte hoy, pero marcho a San Antolín, a fin de asistir a la presentación del número último de Bedoniana. En todo caso, te dejo unas líneas, por si te sirven de ocasión para pergeñar tu comentario esta semana».
Las miro. Decido transcribirlas. Esto es lo que pone el apunte que Abrilgüeyu me ha proporcionado:
Y escucho el triste lamento
Que forman tocando a muerto
Y pidiendo más cemento,
El Soma, el CAC y Asprocom».
Ya sé que no parece muy congruente o consecuente con la primera parte de este artículo. Pero estoy un tanto perezoso, ya les he dicho, y me ayudan a concluir el escrito con una extensión regular.
¿O quizás la incongruencia y la inconsecuencia no están en el papel, sino en las conductas y los discursos reflejados en él?




